lo que hacen 5 años de libertad de culto!!!

(La Tercera) “¡Jesús, Jesús! ¡Gloria a Dios!”, exclama una anciana cada vez que el pastor Rosalino Barriga (61) habla desde el estrado del pequeño templo misionero pentecostal Carros de Fuego, en el corazón de la comuna de Cerro Navia.

Es jueves, día de culto, y Barriga llama a sus hermanos más jóvenes hacia adelante para que entreguen su testimonio sobre cómo se involucraron con las drogas y el alcohol y cómo se salvaron con la ayuda de la iglesia. Micrófono en mano, los hombres se desahogan, oran y cantan, mientras decenas de fieles los bendicen desde sus asientos.

Es el propio pastor quien busca los casos problemáticos, a través de vecinos, parientes y amigos de la misma religión. Con persistencia, los visita en sus casas, les habla de Dios y los invita para que acudan a la iglesia aunque sea un rato. Muchos se quedan. Otros van y vuelven.

Tras la ley de 1999, el Ministerio de Justicia revela el boom de cultos que han aparecido en el país, que ahora tienen el mismo estatus que la Iglesia Católica.

El pastor, de voz pausada y trato amable, ingresó al culto cuando apenas tenía 10 años. Por años perteneció a una iglesia más grande, en su mismo barrio de Cerro Navia, de la cual decidió independizarse en 1993 para formar Carros de Fuego, junto a su esposa, también pastora.

“Comenzamos a hacer las ceremonias en nuestra casa, pero vimos que se requería un templo propio a poco andar”, cuenta. A través de los aportes de los fieles y de la venta de once y comidas reunieron fondos para comprar un terreno para la iglesia. En 2005 edificaron el templo. Barriga trabajó en él con sus propias manos, al igual que el resto de su comunidad.

“Nos demoramos 40 días en construirlo, pues iban los hermanos a trabajar los fines de semana”, recuerda. Hoy, el recinto congrega a 150 personas en torno al amplio púlpito, donde el pastor queda a casi dos metros de la concurrencia.

Pero el mayor paso para Carros de Fuego lo dieron en 2007, cuando obtuvieron la personalidad jurídica. “Esto nos permite ser reconocidos como iglesia y también hacer proyectos propios y postular a fondos, por ejemplo, para la recuperación de personas adictas”, cuenta Barriga.

Su iglesia, todavía como nueva, construida en madera y cemento, es uno de los ejemplos de los nuevos cultos religiosos inscritos al amparo de la Ley de Culto de 1999, que igualó el estatus de las iglesias no católicas con las que sí pertenecen a la religión predominante en Chile.

Una vez inscritas en un registro del Ministerio de Justicia, todas son entidades de derecho público. Antes, estaban constituidas como organismos de derecho privado, bajo el mismo paraguas de una iglesia tutelar, sin ejercer autonomía y obligadas a rendir balances e informes anuales. Y ahora, además, tenían feriado nacional.

Según el Ministerio de Justicia, desde 2000 a 2003 se registraron 372 credos nuevos. En los últimos cinco años, esa cifra alcanzó un total de 1.344 instituciones distintas a la católica. Con ello, han empezado a crecer y a organizarse, sobre todo en el ámbito de la acción social.

En la población Huamachuco II de Renca, el pastor Orlando Cisterna (60) construye personalmente la pequeña sede de la iglesia pentecostal “Dios te llama”. “En este sector hay mucha pobreza. Tratamos de repartir café a los jóvenes adictos y enseñarles la palabra de Dios. Algunos vienen, se recuperan, otros siguen en su problema”, sostiene.

La inscripción en el ministerio, en abril pasado, fue esencial para comenzar a construir su iglesia. “Nos sentimos más seguros”, comenta Cisterna, quien quiere crear comedores para los más pobres.

En 2005, el pastor Jorge Astudillo (61), de Maipú, registró la iglesia “Gracia sobre Gracia”, formada hace 21 años. “Ahora podemos entrar a hospitales y cárceles. Nos miran igual que a un sacerdote”, señala. Una de sus misiones personales es visitar a los enfermos en los hospitales y acompañar a sus familias.

Otra realidad se vive en la Iglesia Cristiana Viña Agape, de Ñuñoa. Un joven practica con la guitarra eléctrica algunos acordes rockeros, que resuenan en el salón vacío. En el patio está la moto del pastor sudafricano Jamie van der Westhuizen (46), quien formó la iglesia en 2000 junto a su esposa Silvia.

Desde enero tienen personalidad jurídica “y es bastante diferencia, porque antes estábamos bajo una corporación (la Iglesia La Viña) y ahora somos autónomos”, agrega el pastor.

Está muy atareado, pero el domingo es otra cosa: 150 personas en el salón de alfombra azul, cantando y orando al ritmo de música moderna en vivo. “A lo mejor no entretenemos como Hollywood y Nintendo, pero podemos ofrecer experimentar a Dios personalmente”, dice.

La autonomía le permite soñar y lanzarse a proyectos diversos, en la pequeña oficina donde organiza y planifica reuniones y actividades. Como las del ministerio Apartados, cuyos integrantes recorren las calles cada martes en la noche entregando alimentos y palabra de fe a travestis, prostitutas e indigentes de Santiago Centro y Oriente.

“Estamos en proceso de asociarnos con el hogar de menores Vida, que atiende a niños entre 10 y 12 años”, cuenta Van der Westhuizen. Ahora todo es posible.

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